Por: Mónica Jaramillo Reyes Retana

Cuidar a un ser querido con Alzheimer transforma la vida por completo. Desde que mi papi fue diagnosticado y después de acudir al geriatra y al psiquiatra, supe que debíamos aprender mucho sobre cómo tratarlo: cómo hablarle y cómo no hablarle, qué decirle y qué no, observar sus actitudes para entender cómo se siente, saber qué lo hace feliz y promoverlo, así como reconocer qué lo perturba y evitarlo. Es aprender una nueva forma de comunicación; es observar, escuchar, recordar lo que le gustaba y hacerlo con él.
Cuidar con amor y paciencia
Mi papá sigue siendo él. Su mente quizá ya no recuerde tantas cosas, o sus palabras no alcancen para expresarlas, pero nosotros sí sabemos mucho sobre él. Él nos siente con el corazón, sabe que estamos presentes.
Cuando le platico sobre lo que disfrutaba de niño, se pone feliz y trata de conversar. Cuando escucha las canciones que sabía que le gustaban, canta. Y así es como ahora se construye una nueva relación entre nosotros: más silenciosa, más simple, pero también más profunda.
Cuidar a un ser querido con Alzheimer implica reinventar el lenguaje, la rutina y hasta la forma en que damos cariño. Cada día se convierte en una oportunidad para aprender a amar distinto.
El cuidado también duele (y enseña)

No es fácil. Es doloroso y muchas veces agotador. Pero también es una gran bendición tenerlo, poder abrazarlo y seguir acompañándolo.
Hay que aprender una nueva forma de ver la vida, porque si no, lo único que sucede es que nosotros también nos enfermamos. A veces caemos en depresiones que ni siquiera percibimos. La culpa de “no hacer lo suficiente” nos consume y nos aleja de lo esencial: amar sin medida, pero también aprender a cuidarnos.
Aceptar ayuda es también cuidar
Cuidar a un familiar con Alzheimer no debe vivirse en soledad. Es muy desgastante emocional y físicamente, por eso pedir ayuda también es un acto de amor. Nadie puede hacerlo todo. Buscar apoyo profesional, familiar o en comunidades como Fratelli Core es una decisión valiente.
Un día crees que todo pasará pronto; otro día te das cuenta de que esto continuará, y que ya han pasado muchos años.
Entonces comprendes que lo mejor es aceptar, hacer lo que puedes hacer y dar mucho amor.
El corazón también necesita cuidado
Acompañar a alguien con Alzheimer es aprender a mirar distinto, a descubrir lo valioso en lo cotidiano, a confiar en el amor como fuerza que sostiene. Cada pequeño gesto, cada palabra amable, cada canción compartida es un puente entre dos almas que todavía se reconocen. No hay fórmulas perfectas, solo presencia, paciencia y fe.


Conclusión: cuidarte también es cuidar
En Fratelli Core acompañamos a los cuidadores familiares que viven procesos como éste.
Sabemos que cuidar a alguien con Alzheimer o con una enfermedad neurodegenerativa puede ser abrumador, pero también puede transformarse en un camino de crecimiento y esperanza.
Te invitamos a leer más testimonios, recursos y reflexiones en nuestro blog, y a sumarte a esta comunidad que entiende lo que vives.